
Si yo tuviera que apostar por un novelista español vivo ese sería Juan Marsé. Cuando escribo la palabra vivo no sólo me refiero a que el autor no haya muerto sino también a que su obra mantenga todas sus constantes vitales en perfecto estado. Marsé es un tipo que tiene historias que contar y que sabe cómo contarlas. Son demasiados los novelistas que pululan por el universo con sus libros vacíos de historias, siempre imposibles de leer. No es el caso de Juan Marsé. Puede que a nadie como a él le encaje mejor un premio como el Cervantes, ya que el genial manco también tenía historias interesantes y sabía cómo contarlas. Cuando termino de leer alguna de las estupendas novelas del catalán, y contemplo la fotografía del autor en la solapa del libro, siempre imagino que su literatura se refleja en su rostro. O que su rostro es el mejor espejo de su literatura. Aquello sí que está vivo y arroja vida. Las historias que Marsé cuenta me las creo. Me sirven, además, para seguir viviendo, que de eso va la vaina de la literatura y de contar historias. Me encanta que le hayan dado el Cervantes a un novelista.




