
- Whiter Angel Brealine. San Francisco, 1937 (Dorothea Lange)
Escribe Enric González en El País:
“Pier Paolo Pasolini escribió mucho, muchísimo: poesía en friulano e italiano, ensayos, guiones, cientos de artículos de prensa, novelas, un libro inclasificable (Petróleo). También dirigió una docena de películas, de las cuales al menos una, Uccelacci e uccellini, merece sobrevivir. Su instante intelectual supremo, y ésa es una opinión personal, se produjo en 1968, durante la revuelta estudiantil. Pasolini, hijo de soldado y maestra, ex militante comunista, inequívocamente de izquierdas y homosexual en una sociedad homófona, tuvo el valor de ponerse del lado de la policía. Razonó que los policías eran proletarios mal pagados y sometidos a la tiranía jerárquica, mientras los estudiantes eran hijos de papá en pleno alboroto hormonal. Hubo algo de boutade en aquella afirmación, pero nunca he dejado de recordarla. Busco, cuando leo literatura policial, identificar al auténtico proletario de la historia. Y me gusta que sea el policía. No me valen subterfugios como el alcohol, la soledad o el desengaño: quiero ver una auténtica denominación de origen. La mejor, me parece, es la comida”.
El artículo me ha hecho recordar la polémica entre Godard y Truffaut, los directores de cine de la Nouvelle Vague, a cuenta del Mayo del 68. En una carta del autor de ‘Los 400 golpes’ a su colega Godard le explicaba que, con respecto a Mayo del 68, se sentía más del lado de los policías que de los estudiantes. Los primeros, decía, eran hijos de campesinos, como él. Los segundos, pequeño burgueses.



