Posts etiquetados ‘Juan José Millás’

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Discúlpese usted

24 Abril 2009

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Discúlpese usted

Hay individuos a los que les ha llegado la crisis a la cabeza, pero no al bolsillo, e individuos a los que les ha llegado al bolsillo, pero no a la cabeza. Cuando uno de los del primer grupo come con uno de los del segundo, paga indefectiblemente el del segundo, o sea, el que está mal de dinero pero bien de ánimos, lo que se traduce en que el endeudado se endeuda más, contribuyendo a que suban los índices de morosidad, mientras que el que podría hacer circular un dinero oxigenado lo retiene en la cuenta corriente, colaborando al empeoramiento del catarro o estreñimiento económico del que somos víctimas. La economía es muy complicada; cuando el dinero dice que no sale, es que no sale, por más laxantes que le apliques.

La injusticia señalada anteriormente (que invite a comer el que menos tiene), trasladada al cuerpo social, se aprecia en el hecho de que siendo ésta una crisis de derechas, quien está pagando el pato es la izquierda; siendo una crisis provocada por el capital, está sufriendo sus consecuencias el trabajador; siendo una crisis inducida por los malos, se está llevando por delante a los buenos. Dado, además, que hay un tercer grupo, no citado al principio, entre los que se encuentran aquellos individuos (mayormente de izquierdas) a los que la crisis ha llegado de forma simultánea a la cabeza y al bolsillo, podríamos decir que el estado psicológico de la progresía es preocupante.

En otras palabras, que si el Gobierno socialista no se atreve a aplicar las recetas que aplicaría un Gobierno socialista, la debacle electoral está garantizada, pues mucha gente empieza a pensar que si vamos a salir de la crisis con soluciones de derechas, sería mejor que las aplicara el PP, que tiene experiencia y carece de escrúpulos. Entre tanto, si a usted le invita a comer su jefe, discúlpese. Seguro que le toca pagar.

Juan José Millás

 

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Aire

12 Diciembre 2008

(Le départ . Gilbert Garcin)

Aire

El radiador del cuarto de baño estaba hemipléjico, pues la mitad de él permanecía fría. Deduje que tenía aire y que convenía purgarlo, por lo que busqué el destornillador, que no hallé en su sitio, así que tomé un cuchillo de la cocina y caminé con él por el pasillo. Me sobrecogió la imagen de mí mismo, armado, en la soledad de la casa. Por asociación con el cuchillo (y con la fontanería) pensé en mis venas y recordé una película en la que el protagonista se abría las muñecas transversalmente, como casi todos los suicidas frustrados, pues por lo visto hay que cortar en sentido longitudinal. Al aflojar el tornillo del radiador, la espita emitió un silbido. Cuando comenzó a expeler agua con apariencia de saliva, cerré de nuevo la válvula y recogí el agua que había caído al suelo con un pedazo de papel higiénico que arrojé al váter, aunque no tiré de la cadena.

Al regresar con el cuchillo a la cocina pensé en la palabra purgar, tan polivalente. Funcionaba en la fontanería con la misma eficacia que en la moral. De haber en el cuerpo un tornillo que al aflojarlo dejara escapar las impurezas, ¿dónde se encontraría? Era una pregunta retórica, claro, para defenderme del miedo al pasillo y del silencio de la casa. Ya en la cocina, encendí la radio y dijeron que en estos momentos era un deber patriótico consumir. Me pareció rara la idea de una patria (significara lo que significara esa palabra tan siniestra) basada en el hecho de gastar, incluso de malgastar. Por mi parte al menos, lo que necesitaba era lo contrario, una purga. Coloqué el cuchillo cuidadosamente en el cajón, apagué la radio, tomé un bolígrafo y allí mismo escribí estas líneas junto a las que salió un poco del aire -no todo- que ensuciaba los circuitos -con perdón- de mi alma. Al día siguiente encontré el destornillador, que estaba, como yo, fuera de sitio.

Juan José Millás