
Tanto Chéjov como Carver fueron maestros del relato corto, y en sus piezas se demuestra que lo más interesante que le pasa a los seres humanos ocurre sigilosamente, a escondidas de los demás; el americano fue un confeso admirador del ruso, y lo hizo protagonista de un cuento, Tres rosas amarillas. Curiosamente, los dos murieron de forma prematura por la misma causa, una hemorragia pulmonar.
