
(Running Through.Harrison)
Cuentan que, cuando Roberto Bolaño adquirió un estudio en Blanes (Girona) para escribir en soledad, encontró una nevera abandonada por los antiguos propietarios. Según la leyenda, el autor colocó el escritorio delante del frigorífico y nunca lo abrió, porque decía que sospechar su contenido le excitaba la imaginación.


